Cito textual a Alejandro Gravanago, un médico que supo trabajar en el Tren de las Nubes, allá en Salta y que se ha dedicado a escribir algunas cositas interesantes. Entre ellas, “Actualización de Zonzeras Argentinas” (Ed. Milor, Salta, diciembre de 2000)
“ Si no tenés e-mail no existís”
La frase “no existís” fue incorporada al léxico cotidiano por la juventud en las últimas décadas y constituye una expresión degradante de nuestros travestidos valores que cabalgan en él: tener para ser, más aún para existir. “Ser o no ser” dijo Shakespeare, y su máxima filosófica atravesó varios siglos hasta ponerse en duda el fin del milenio; hoy la disyuntiva es “tener o no tener”, así lo ha elaborado el imaginario popular a riesgo de negar la autoría de la máxima obra de la naturaleza, la de existir o no.
Esto de ligar la cibernética a la existencia humana se presta, entre otros, a dos análisis: por un lado, surge el endiosamiento del mundo virtual transformado en el máximo anhelo de esta sociedad contemporánea, a la cual incita, a su vez, a desmembrarse, a sacrificar el ámbito coloquial de persona a persona, ámbito irremplazable por su riqueza gesticular de cuerpo y ánimo; sólo en este ámbito pueden palparse las sensaciones dérmicas, apreciarse la mirada y considerar el valor sustancial de la inflexión de la palabra, como así también la expresión del rictus o la majestuosidad de la sonrisa. ¿Cómo se daría la seducción en un mundo absolutamente “electronizado”?
Por otro lado, con la cibernética se pretende reemplazar al libro, a una carta o cualquier publicación escrita, susceptible de ser transportada al tren, al bar, a la playa o al baño. La lectura es un disparador descomunal para la imaginación y ésta se nutre de distancia, de colores, de sonidos, de movimientos, de actitudes humanas, también de hecho animales, vegetales y hasta minerales. Los textos son disparadores de fantasías y a la vez, el hecho de poder transportar millones de letras, combinadas en miles de palabras, debajo del brazo es una posibilidad impagable.
Aquí la zoncera consiste en alentar el avance científico como medio para la deshumanización y más que nunca vale aquello de “lo que no sirve para mejorar al hombre no sirve para nada”. Esta aparentemente ingenua aseveración de “no existís” conviene que sea tenida muy en cuenta porque hoy se puede “no existir” si no lucís tal o cual pantalón, si no conocés a tal o cual intérprete, incluso llegando a la ridiculez de “no existir” por ser hincha de un determinado club de fútbol.”
Más adelante agrega para finalizar: “Ahora se puso de moda el chateo, más que una comunicación virtual, una desvirtuación de la comunicación. La globalización de las comunicaciones llevó la cotización de la bolsa de Tokio al monte chaqueño, el precio del Down Jones a la una de Atacama y ahora es capaz de poner a hablar a un salteño con un australiano, mientras tanto el salteño del monte, el de la una y el de la propia capital no logran entender qué pasa en su entorno, en su provincia y en su país, por qué le ocurren las cosas que le ocurren y por qué le va pero aunque insistan en convencerlo de que todo esto es bueno. Ocurrió que, de tanto comunicar al hombre con el mundo, lo aislaron de os seres que lo rodean, con los cuales comparte los mismos males pues son víctimas de los mismos victimarios.”
En otro capítulo de este jugoso libro, el autor habla de zonceras que “más que zonceras son estupideces, que no por viejas pierden vigencia…
Estas actitudes son sufridas a diario por los ciudadanos que se acercan a requerir una solución de algún funcionario, legislador, concejal, etc. Y no precisan explicación…
- El doctor está en una reunión
- El doctor viajó
- El doctor fue llamado por el Gobernador o el Presidente (siempre rango más alto)
- No hay presupuesto
- Venga la semana que viene
- El doctor está firmando…
- El doctor está en el norte, en el sur, o en el oeste
- Su tema pasó a Asesoría Letrada
- Lo suyo ya salió, vaya a Hacienda
- Está todo pero falta el Decreto
- La economía está bien, el único problema es la desocupación
- Recién hace 6 meses que gobernamos (o doce o 18)
- El doctor está descompuesto…”
La verdad es que alguna vez me contestaron alguna de estas frases… a usted no?
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