jueves, 13 de marzo de 2008

07-03-2008

Siempre soy respetuoso de las opiniones y creencias ajenas. Muchas veces, incluso, de aquellas que son completamente contrarias a mi pensamiento. Sin embargo, algunas “cositas” de este mundo que nos toca vivir, me cuesta mucho digerirlas.
El próximo sábado, 8 de marzo, se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Demasiadas injusticias justifican la existencia de un día como este. Y, aunque parezca mentira, quizás hoy más que nunca sea necesario reflexionar sobre la mujer y su absoluta necesidad de igualdad de derechos frente a los hombres.
De forma casual llega a mis manos un Corán. Reitero que respeto todas las opiniones y creencias por extrañas y lejanas que me parezcan, pero creo que nada, absolutamente nada, debe superar el sentido común, el más elemental raciocinio. El que nos eleva y nos pone un poquito por arriba de la simple cucaracha.
Leo en el verso 38 del capítulo “Las mujeres” del Corán: “Los hombres son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de las cuales Dios ha elevado a éstos por encima de aquéllas, y porque los hombres emplean sus bienes en dotar a las mujeres. Las mujeres virtuosas son obedientes y sumisas: conservan cuidadosamente, durante la ausencia de sus maridos, lo que Dios ha ordenado que se conserve intacto. Reprenderéis a aquellas cuya desobediencia temáis; las relegaréis en lechos aparte, las azotaréis; pero, tan pronto como ellas os obedezcan, no les busquéis camorra. Dios es elevado y grande".
Sigo leyendo. Pero esta vez lo hago en la Biblia judeocristiana. "No hay maldad comparable a la maldad de la mujer... El pecado llegó con una mujer y a ella se debe el hecho de que todos nosotros habremos de morir." (Eclesiastés 25:19,24). Y en Timoteo 2:11-14: "La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisión. Yo no permito a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un hombre; debe estar en silencio. Adán fue creado primero, luego Eva. Y Adán no fue el engañado; fue la mujer quien fue engañada y se volvió pecadora".
Aquí me gustaría hacer un pequeño comentario al margen. No sólo se acusa a la mujer de ser la instigadora del famoso pecado original, sino que en la Biblia se presenta a Adán como un verdadero cobarde cuando trata de justificarse ante Dios: "La mujer que pusiste a mi lado me ha dado la fruta del árbol y yo la he comido." (Génesis). Cobarde y botón, nuestro primer representante de género no nos deja bien parados (a los hombres, digo). En el barrio no estaría bien visto.
Estas “cositas” nos debieran hacer replantear muchas conductas. Indudablemente la mujer ha sufrido mucho a lo largo de la historia de la humanidad y muchas mujeres aún sufren discriminación en el trabajo, en la educación, en el trato diario, etc.
Pero mi mejor homenaje a la mujer, es compartir la lectura de algunas de ellas:
EVA PERON: “No, no fue el azar la causa de todo esto que soy, en mi país y para mi pueblo. Creo firmemente que he sido forjada para el trabajo que realizo y la vida que llevo.

Cuando analizo, en la intimidad de mi alma, el caso que me ha tocado vivir, más y más me convenzo de la mentira que son el azar y la casualidad.
Si el azar y la casualidad gobernaran el mundo todo sería un grotesco caos; y no podríamos vivir en un escenario tan variable. No, el azar no gobierna al mundo ni a los hombres. Por fortuna, gracias a Dios las cosas suceden de otra manera que unos llaman Destino y otros Providencia y casi todos atribuimos a Dios.
Yo creo firmemente que, en verdad, existe una fuerza desconocida que prepara a los hombres y a las mujeres para el cumplimiento de la misión particular que cada uno debe realizar.
Si esa fuerza es maravillosamente divina o ha sido puesta por Dios en la naturaleza de la sociedad o del alma humana, yo no lo sé ni pretendo averiguarlo, pero creo que existe y que nos conduce sin forzarnos con tal que nosotros no le neguemos nuestra generosidad.
Lo indudable es que esta solución espiritual es también mas fecunda que a otra del azar: el que se cree hijo de la suerte no se siente obligado a nada, puesto que el azar no tiene personalidad ni puede tener exigencias de ninguna clase: pero el que sabe hijo de un Destino o dela Providencia o de una fuerza desconocida pero de un origen superior a su vida y a su naturaleza, tiene que sentirse responsable de la misión que le ha sido encomendada.”
SIMONE DE BEAUVOIR: “No se nace mujer: se llega a serlo. Ningún destino biológico, psíquico o económico define la figura que reviste en la sociedad la hembra humana; es el conjunto de la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el macho y el castrado al que se califica de femenino. La liberación sólo puede ser colectiva y exige que acabe la evolución económica de la condición femenina.”



EL COSO DE AL LAO

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