viernes, 14 de marzo de 2008

14-03-08

Seguramente estaremos de acuerdo si escuchamos a alguien decir: “hay que terminar con la inseguridad”. ¿Quién puede estar en desacuerdo? Pero…

NO ES LO MISMO. Digo que no es lo mismo que lo diga el ex comisario Patti a que lo diga Estela Carlotto. Estoy seguro que ambos piensan que la inseguridad es un verdadero problema y que hay que terminar con ella. Pero, también estoy seguro que cuando Patti dice “hay que terminar con la inseguridad” no tiene en mente las mismas estrategias que pueda tener la abuela de Plaza de Mayo.

Por lo dicho, es muy importante saber quién está hablando, qué piensa, quién es, y cómo actúa. Y esto sirve para todos los órdenes de la vida. Los seres humanos somos únicos e irrepetibles y por lo tanto tenemos distintas visiones sobre la vida, la muerte, la sociedad. Es importante identificar al mensajero, también. Un mismo mensaje tiene connotaciones distintas y tendrá, seguramente, consecuencias distintas en cómo sea dicho y a quién sea dirigido.

Esto vale, fundamentalmente, para todos (los muchos) que andan por esta vida dándonos consejos. Si su mujer le dice que debería bajar de peso por su propia salud, no es lo mismo que se lo esté diciendo el Dr. Cormillot, quien (creo) además de preocuparse por la salud, también se ocupa de su “negocio”.

Los ejemplos serían muchísimos. No es lo mismo que el dueño de un banco tenga plena confianza en el cooperativismo a que sea un liberal monetarista a ultranza. Son dos bancos totalmente distintos. Por eso es importante identificar las preferencias políticas, sociales, filosóficas, religiosas, de quienes nos habla.

Desgraciadamente, en estos tiempos hay un desmesurado culto a los llamados independientes. Híbridos, diría yo. Ni fu ni fa. Todo mal y todo bien. Mucha gente se autotitula independiente, y se jacta de ello, por no estar atado a ninguna ideología, a ninguna religión, etc. MENTIRA.

Como dije antes, todos tenemos, en más o menos, posición sentada sobre la vida, la muerte, sobre cómo debiera ser la sociedad. Y esa postura no nos vino como un milagro, como una iluminación divina. Tomamos diversas posturas porque escuchamos, comparamos, estudiamos, leemos y, por sobre todo, porque después de hacer todo ese esfuerzo intelectual, somos únicos e irrepetibles y llegamos a nuestras propias conclusiones. Claro que no en todos los temas, en algunos los tomamos prestados. Pero eso, nosotros, la gente común.

Los políticos, los sacerdotes, los comunistas, los militaristas, los conservadores, los radicales, los peronistas, todos y cada uno de ellos tienen posturas sentadas sobre muy diversos temas.

Ah, los periodistas también. No es lo mismo leer La Prensa o La Nación que leer Página 12 o Crítica Argentina. Entonces, si no es lo mismo, ¿dónde ponemos eso de la independencia? Si todos los periodistas fueran independientes, daría lo mismo un diario que otro, un programa que otro, porque, ciertamente, no hay “independencia de derecha” o “de izquierda”, no hay independencia “peronista” o “radical”. Y a la identificación le escapan todos. Por varios motivos, entre ellos uno no menos importante es el no quedar identificados hacia algún sector y perder posibilidades en el mercado laboral. Ah!, entonces los que también tienen postura tomada son los dueños de los medios.

Criticaba Arturo Jauretche que eso de la libertad de prensa había quedado obsoleto siendo reemplazado por la libertad de empresa. Y algo de eso debe de haber porque, vaya que casualidad!, no he encontrado nunca ningún análisis de la realidad hecho por un marxista en el diario La Prensa. Por eso hablaba de la dificultad de muchos de identificarse para no perderse la posibilidad de trabajo.

Pero, eso es una cosa, lo de independencia es otra muy distinta. Por eso, amigo lector, no crea en los que no se definen. Son gente tibia, aunque grite muy fuerte. Todo bien y todo mal. Ni fu, ni fa. Es más, a veces, suelen ser peligrosos…

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