La multiplicidad de noticias, informes, conocimientos que tenemos al alcance nuestro en esta era denominada “de la información”, verdaderamente es abrumadora. Realmente no sé si estamos más o mejor informados, lo que sí estamos “más rápido” informados. Se entiende?
No es que suceden más cosas, es que ahora tomamos conocimiento de ellas. Se desborda un río en Vietnam, estornuda el Presidente de Polonia, el de Francia se pone de novio con una modelo italiana, y así sucesivamente podríamos seguir enumerando la infinidad de tonterías de las que nos enteramos a través de los noticiarios televisivos, radiales o a través de los diarios. No todas son tonterías, claro, pero (entre nosotros) convengamos que la mayoría no nos aporta nada. Ni siquiera desde el punto de vista educativo. Dudo que a raíz de esta catarata informativa conozcamos más de historia, de geografía, del ser humano…
Esto deriva en dos estados de ánimo individual: por un lado nos sentimos como más “dueños” de nuestro mundo. Somos gente informada, che. Todo esto nos amplía el horizonte y de alguna manera “vemos” más allá de nuestro ombligo, de nuestro barrio, de nuestra “aldea”.
Pero por el otro lado, este supuesto conocer más, nos puede hacer dar cuenta de lo “pequeños” que somos. Da la impresión que este ancho mundo que antaño se medía en longitud y en tiempo, hoy es más grande que nunca a pesar que llegamos más rápido a dónde queramos. Es una paradoja. El hombre posmoderno sólo tarda unas horas en viajar al otro lado del planeta, pero es un hombre solitario, individual. Solo frente a la pantalla de la computadora, solo frente al televisor, solo escuchando con sus auriculares, y anda solo por esta vida compartiendo apenas lo que la tecnología le permite. Que realmente es muy poco, no pasa del mensaje de texto en celulares y computadoras.
Visto así, asusta un poco. No nos damos cuenta pero los cambios son vertiginosos cada día más. Basta con ver un poco a nuestro alrededor y comprobar lo distantes que se encuentran las generaciones. Antes existían puntos en común entre generaciones sucesivas. Hoy cada generación que sucede tiene menos puntos en común con la anterior. Un adolescente de 15 años comparado con un joven de 25 no parecen tener muchas cosas en común mediando entre ambos, apenas una década.
Tal vez sea solo una impresión. Una forma relativa de ver lo que pasa en nuestro mundo. Quiero decir, tal vez algunos estemos viejos y un poco más … lentos. Puede ser…
Pero que estos tiempos son un tanto más alienables que otros pasados, no hay duda. No digo que haya habido locos, siempre lo hubo y de toda calaña, pero hoy… hay cada uno!!
Como decía al principio, en la vorágine de información que nos llega resalto un hecho curioso. Sucedió en un vuelo comercial de Air Canadá que cubría el trayecto entre Toronto y Londres. Parece ser que el piloto enloqueció en pleno vuelo y debieron aterrizar (aterrorizados) de emergencia en un aeropuerto irlandés. Lo realmente llamativo es que el piloto no enloqueció así no más, el tipo (del que no dan ni nombre ni detalles) comenzó a vociferar y gritar pidiendo “hablar con Dios”.
¿Se imagina la situación? La persona que lo está conduciendo a 11 metros de altura sobre el Océano Atlántico, de pronto deja los controles de mando y comienza a mirar por el parabrisas o por alguna ventanilla, en varias direcciones como buscando algo y, con voz impostada y supuestamente importante, solicita y ruega que quiere “hablar con Dios”.
¿Lo habrá visto? Allí, tan alto, en el cielo. En esos paisajes que nos regalan los viajes en avión por sobre las nubes, con el brillante y firme azul celeste del firmamento. Paisajes más parecidos a las pinturas de la Capilla Sixtina que a algo real. Pregunto, ¿lo habrá visto? ¿O lo habrá escuchado? Qué misterio, qué cosas raras que nos depara nuestra mente.
Pero por suerte, y lejos de estas extravagancias, la conversación que sorprendí entre el Loco Vieytes y el Gallego al entrar al café, me trajo de nuevo a la banal realidad. “Mirá, Gallego, a mí me encantan las mujeres con mucho seno…” A lo que el galaico dispensador de bebidas contestó: “Con más de dos, me asustan…”
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