domingo, 18 de noviembre de 2007

Nostalgia por "nuestro hogar"

Nuestro regreso triunfal al café del Gallego se vio engalanado por los tradicionales alfajores que se compran para esas ocasiones. Qué cosa rara, no? Veranee uno en Río Grande, en Humahuaca, en el Valle de la Luna o en Santa Teresita, siempre habrá un lugar donde le ofrezcan los “verdaderos” y sabrosos alfajores regionales. Habría que hacer un recuento de regionalismos para comprobar que debe de haber más de 3000 alfajores distintos en nuestro país para recordar el lugar que visitamos.
Bueno, nuestro regreso, (el del Tano, el Polaco y el mío) se vio un tanto opacado con la presencia de un nuevo personaje en “nuestra” mesa de café. En efecto, durante nuestra ausencia el joven galeno que fuera motivo de algún comentario en esta columna a raíz de su noviazgo con una bellísima joven, se sumó a nuestra tertulia diaria. No es que me moleste, pero vio? Cuando las cosas suceden sin que seamos los protagonistas, en general, no nos gustan mucho. Pero bueno, lo hecho, hecho está y luego de un par de palabras me he dado cuenta que el joven galeno más de una vez será protagonista de estas líneas.
Luego de las consabidas cargadas por el tostado de nuestra piel, las incisivas preguntas sobre nuestro desarrollo amoroso durante la estadía en la playa, y los comentarios al vuelo para ponernos un poco al día de lo que sucedió durante nuestra ausencia en la querida aldea, cada uno volvió a la normalidad y el Gallego, en un rapto de inusitado desprendimiento, invitó café para todos. Todo un milagro.
Mientras la conversación giraba en torno del fútbol de verano, me sumergí en la lectura de los diarios que no pude leer durante mi ausencia.
En tanto continuaba con mi lectura, Chiquito Grosso y el Pelado Manchais comenzaron a trenzarse (como de costumbre) por el tema energético. “Y los cortes que todavía va a haber!!” Comentaba el Pelado, “si el gobierno no tiene ni la más pálida idea de cómo solucionar este tema”. “Pero escuchame, Pelado, esto no es de ahora. Si decís que el gobierno no tiene la más mínima idea de qué hacer, tenés que decir que los últimos 40 años los gobiernos no planearon nada en el tema energético. Lo que pasa es que para un país que no crece, la energía siempre sobra, para un país que crece nunca alcanza, eso es lo que pasa!!” retrucó Chiquito.
“Y encima nos quieren encajar esas lamparitas chinas que más que luces parecen luciérnagas!” continuó el Pelado sin darle bolilla al comentario anterior. La conversación tuvo idas y vueltas con participación de casi todos que expresamos nuestra opinión. El Rulo Thompson, el Coti Verguini, el Tano y hasta el reciente incorporado joven galeno participaron de la misma.
Y ahí me di cuenta que cuánto extrañaba estar en casa. Porque en este humilde pueblo bonaerense está mi casa. No hablo de la posesión inmobiliaria por la que Montoya nos cobra impuestos, hablo de una sensación de pertenencia, de una sensación de bienestar que puede estar opacada diariamente por nuestras lamentaciones críticas, por ese quejarnos de todo, pero que una vez en ella, nos hace sentir bien. Podremos irnos muy lejos, ausentarnos por mucho tiempo, pero en el fondo de nuestro corazón siempre está el deseo de volver a “nuestra” casa. Y aquí en el bar del Gallego, en el barrio junto a mis vecinos el Tano y el Polaco, en las conversaciones diarias y los rutinarios saludos con nuestros conocidos y nuestros amigos, está el verdadero bienestar.
Me pongo un tanto nostálgico pero es que como todavía no retomé el vertiginoso ritmo de estar al tanto de todo, de leer los diarios, de ver cinco veces la misma noticia en distintos noticieros de la televisión, de escuchar y escuchar hasta el cansancio los mismos personajes en la radio, es que me siento un tanto en las nubes.
Por eso hoy, al volver del boliche, voy a sacarle la funda al Winco, le soplaré el polvo a los antiguos discos y me voy a escuchar unos tangos flor y flor, así, Doña Ernestina, la mamá del Polaco, me escucha desde su casa y podrá susurrar, como de costumbre, que se escucha “el rumor de una orquesta” y concluya con mucha razón que “está de fiesta…. EL COSO DE AL LAO”

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