sábado, 17 de noviembre de 2007

Conservar...¿qué?

Puedo comprender que la mayoría del pueblo francés sea conservador. Conociendo la realidad de Europa hoy, y más teniendo una vaga idea de cómo son los franceses, puedo entenderlo. Incluso, y a pesar del mamarracho de su presidente, puedo también entender que el pueblo norteamericano tenga un cierto deslizamiento hacia lo conservador.
Sabe, mi amigo, en esos lugares, como que se me hace que hay cosas que conservar. El estándar de vida, el empleo, la seguridad social, etc., etc.
Lo que me anda preocupando un tanto, es que han aparecido (o al menos asoman la cabeza ahora) toda una pléyade de conservadores en nuestro país. Y me preocupa, porque en realidad, políticamente hablando, no hay mucho que conservar. Es más, yo diría que hay bastante que cambiar.
Cuando hablo de conservadores no me refiero al término partidista sino al alcance ideológico. En nuestro bendito país hasta los liberales son conservadores. Sería largo explicarlo, pero sé que hay muchos que me entienden.
Creo firmemente que, con altibajos, hay un camino nacional que merece ser recorrido. El movimiento nacional al que me refiero no tiene, hoy por hoy, anclaje partidario. Fue Yrigoyen en su momento, Perón en el suyo. Y a partir de de una honda separación de la sociedad argentina, el movimiento nacional se fue manifestando alternadamente en grupos, en minorías partidarias, en sectores intelectuales y en sectores marginados.
Reitero, hay un camino nacional que merece ser recorrido y que no tiene que ver con conservar nada de lo malo que nos ha sucedido. No tiene que ver con el éxito, ni con la economía. No tiene que ver, ni siquiera con la coyuntura. Tiene que ver con una visión de nuestro país que no se enseña. Da la impresión que como lo dijo Fukuyama todos toman por cierto que se terminó la historia. Da la impresión que como a algunos les fue bien con Menem, hay que volver a “eso” que nos dejó 20 por ciento de desocupación y triplicó nuestra deuda externa. Los que no quieren que pensemos, nos ofrecen como alternativa a Macri, un exitoso empresario que supo sacarle muy buen provecho al descalabro argentino. Me niego a pensar que no hay una solución auténticamente argentina al problema argentino.
Como dice Serrat, “prefiero la carne al metal… un bombero a un bombardero… crecer a sentar cabeza…”. Prefiero imaginar que si nos ponemos a pensar un país mejor en la mesa estarán muchos que piensan distinto de cómo lograrlo, pero que tienen el mismo sentimiento.
Tal vez sólo esté expresando deseos. Pero me pareció que hay cosas que hay que decirlas. Vio, así como me salen. Debemos aprovechar que hoy, gracias a Dios, no existe la terrible barrera que separó a la sociedad argentina de la segunda mitad del siglo XX: peronistas vs. antiperonistas. Gorilas hay, sí, y cada tanto asoman la cabeza…

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