El Pelado es medio filósofo, medio romántico, medio idealista, ahora medio radical, medio bueno y medio malo, medio galán… en fin, lo único que tiene entero es la pelada. Su totalidad, paradójicamente, es la carencia…
“El tema del amor, muchachos –comenzó diciendo sin que nadie le preguntara- es como dice Dolina. Hay como una especie de escalafón y cada uno de nosotros ocupamos determinado puesto. Los hay números uno, 10 y también está el novecientos noventa y nueve. Para ser más gráficos: son puestos en donde te pone el destino. En cada escalón entran muchos por diversas razones: políticas, sociales, económicas, físicas, espirituales, etcétera, etcétera, etcétera”.
Para dónde vamos? Pensé en ese momento, el monólogo me empezaba a entusiasmar. “Por eso, mis amigos, en el tema del amor se aplica este escalafón. Cualquier tipo puede ser 9, 54, 290 o 743. En cualquier puesto nos coloca el destino. Por apariencia física, por posición económica, por situación geográfica. Lo cierto es que las minas, también. Y lo más interesante que postula Dolina es que un tipo que está, por ejemplo, en el puesto 256, a lo que puede aspirar, más o menos, es a una mina que no supere el 251, o sea, no podríamos levantarnos una mina demasiado lejos de nuestro puesto viendo hacia los primeros lugares. Una mina que nos supere en más de cinco puestos, ya no nos daría bolilla. Para abajo, claro, es más fácil”.
Me vino a la cabeza la cantidad de “minones” que nunca me dieron bola y la cantidad de “bagayos” que me honran con su “amistad”. Me imaginé en ese instante que toda la mesa estaba haciendo cuentas y tratando de ubicarse en ese universo escalonado.
“Es como una pirámide maya de mil escalones. Arriba, muy pocos “number one”, y a medida que se baja, cada vez más espacio para estar posicionados. Por ejemplo, en el mundo hay muchos 756, y supuestamente, hay muchas 756. Entre cinco escalones más arriba (hacia el uno) y muchos escalones hacia abajo (hasta el 999) debe de estar nuestra mujer esperándonos. La cosa es que cuando alguien logra romper esta regla, porque se puede romper, hay excepciones que confirman la regla, se rompe como una especie de equilibrio y hay varios que sufren”.
La teoría despertó un frenesí de opinión en todos que tratamos de decir algo con respecto al tema. “Má qué escalafón ni escalafón, las minas son todas iguales” sentenció el Loco Vieytes, entre irónico y desvergonzado.
“Yo creo –se animó el Rulo- que puede ser algo de cierto en todo esto. Pero, entonces, en dónde quedaría la teoría de que hay 7 mujeres por cada hombre…?”
“No se contradice –contestó el Pelado- en cada escalón hay muchas mujeres y muchos hombres. Puede haber más de una para cada uno. También hay más de uno para cada una”.
“Siete minas por cada tipo? –preguntó el Tano, como si nunca hubiera escuchado esa teoría- entonces hay seis minas que me están corneando como si nada!!! Cuando encuentre al que se me llevó las que me corresponden…”
Como usted puede apreciar, amigo lector, a través de estas humildes crónicas, las conversaciones del café del Gallego son amplias: fútbol, política, minas… minas… política… fútbol… bueno, ahora que lo veo escrito debo reconocer que no son tan amplias.
Lo cierto es que a partir del este punto la conversación, como es habitual cuando se habla de mujeres, se degeneró. No vale la pena que les cuente. No porque no quiera, sino porque me imagino que muchos sabrán a qué me refiero. O no?
Las más variadas teorías, comparaciones, chistes, groserías, en fin, la galería dialéctica se extendió por un buen rato, hasta que el Loco mirando por la ventana dijo: “Miren, che…!!!”
Si alguno tiene problemas de cervicales, artrosis, o cosas por el estilo, les puedo asegurar que no se notó. Las cabezas giraron como cuellos de lechuzas y nuestros ojos observaron tras de los cristales una escena que venía a tono con la conversación. Allí estaba el “tordo” de la otra cuadra (un galeno que no hace mucho que se recibió) con la hija menor de la gitana Moriz, que cuando llega la primavera hace suspirar a más de uno…
A más de uno se le cayó la mandíbula. Es que el “tordito”, aunque joven, lleva a cuestas una cara de bovino, con esa mirada inteligente de los bóvidos, agregándole una pancita, una tez pálida que no hubiera sorteado con el cuero cabelludo entero por las planicies de Kansas, y una incipiente joroba postural. En fin, lo que se dice un desastre.
Se subieron al auto del profesional y partieron raudamente. No hace falta decir que esta postal tiraba por la borda la supuesta teoría del Pelado y tantas otras que se volcaron posteriormente. Todas las cabezas volvieron a su posición habitual frente a la mesa. Hubo apenas un segundo de silencio y ya estaban casi todos a punto de decir algo, cuando el Gallego, que se había acercado a levantar los pocillos del café, mirando a todos y a ninguno sentenció: “Muchachos, esto confirma que la única teoría válida en cuestiones de amor, es la mía…” Se dio vuelta con la bandeja y se iba hacia el mostrador. La mesa casi al unísono le preguntó: ¿Cuál es Gallego?
“Billetera mata galán, escalafón y la mar en coche…”
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