Las paces entre el Tano y el Polaco no fueron fáciles pero, como es habitual, se hicieron en mi casa durante la tradicional cena de los martes entre los tres. Hace milenios que lo hacemos. Somos vecinos desde chicos y, realmente no me acuerdo cómo, pero decidimos que todos los martes de nuestras vidas íbamos a comer juntos.
La cuestión es que, tras arduas negociaciones de parte mía, ambos accedieron a una tregua que ha de llegar hasta el 30 de noviembre inclusive. ¿Por qué hasta fin de noviembre? Porque me imaginé que de la contienda del 28 de octubre han de salir algunos heridos y necesariamente o el Tano o el Polaco será uno de ellos. Entonces, decidimos no tocar el tema político hasta un mes después para evitar las “cargadas”. Yo sé quien va a ser… el herido, digo.
Además, lo hice pensando en mi porque así me evito los roces con el Polaco yo también. A veces me quedo pensando en los innumerables desencuentros a que nos ha arrastrado la historia argentina. Si nos ponemos a pensar fríamente, las rencillas políticas de la gente como nosotros, la gente común, se parecen más a un River-Boca que a distancias ideológicas.
Porque, vamos a ser sinceros, el Tano y el Polaco (tomándolos como ejemplo) son así porque fueron criados así. Heredaron las virtudes y los defectos de sus mayores y todos sus prejuicios. Y vamos a ser sinceros, los prejuicios son rotundos a la hora de discutir.
Se supone, (insisto, sólo se supone) que los radicales son garantía de democracia y honestidad.
Se supone, que el peronismo es hijo del “aluvión zoológico”.
Esto por un lado.
Por el otro, se supone, que los radicales son incapaces y “lentos”.
Se supone, que el peronismo es sinónimo de justicia social.
Insisto, son suposiciones prejuiciosas que saltan a la palestra generalmente cuando las discusiones se elevan, no de nivel, sino de voz, y se hacen a los gritos.
Estos prejuicios son heredados y poco tienen que ver con la realidad, por lo menos hoy, para hablar de historia lo haremos en otro momento. Porque hoy por hoy, el peronismo ha demostrado que no es sinónimo de justicia social: Menem se encargó de desmentirlo gobernando a favor de los poderosos y en contra de los que menos tienen, dejando dos dígitos de desocupación y pavoneándose con la derecha. Que si Evita viviera!! Ah, Dios, debe estar impotente de dolor por “sus descamisados”.
Los radicales también se han encargado de demostrar que ni son garantes de democracia ni que el sólo hecho de ser “radicheta” es sinónimo de honestidad. De la Rúa todavía arrastra un juicio por utilizar un empleado municipal como parquero de su casa y algunos otros suspiran tranquilos sabiendo que el tema de las coimas en el Senado no tiene, ni tuvo nunca, futuro judicial.
Por otra parte, durante un buen tiempo, presidieron el país a espaldas de una verdadera democracia durante la proscripción del peronismo.
En fin, “negros y oligarcas”, unos y otros tienen razones para pelearse, pero, en definitiva son peleas heredadas. Hoy, y creo que así fue siempre, el enemigo de la patria es otro. El tema es que muchos de nuestros dirigentes temen perder su clientela si de pronto algunos nos damos cuenta que coincidimos mucho más de lo que no coincidimos. Y otros dirigentes, desde hace más de 60 años, fueron tratando de buscar coincidencias por encima de las diferencias.
Más allá de la coyuntura, más allá de que a mí me subyuga particularmente esto de concertar, de unir, de juntar voluntades e identificar el enemigo común, creo que en un futuro no nos va a quedar otra que sentarnos en una mesa, no para hacer una tregua sino para definir pautas de convivencia democrática y políticas de estado comunes a todos.
Al fin de cuentas la verdadera diferencia que separa al Tano y al Polaco, es que uno vive a la derecha y otro a la izquierda de mi casa. No es poco…
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