jueves, 13 de septiembre de 2007

Incorregibles...

La mesa del café, por estos días, se pone un tanto inaguantable. Es que, con las elecciones tan cerca, los temas políticos saltan aunque nadie los llame. Y en realidad, todos tenemos algo que decir. Y claro, somos unos cuantos y los chisporroteos son frecuentes.
El Polaco acababa de decir a uno de los innombrables: “y…son incorregibles…” Yo estaba terminando la claringrilla, así que no estaba prestando demasiada atención, pero esa frase final me hizo levantar la vista. Luego supe que estaban hablando de fútbol. Pero el que justito en ese momento se acercaba a la mesa sin que lo viera el Polaco, era el Tano. Y parece que venía con toda la polenta. Porque, igual que yo, llegó a escuchar esas últimas palabras y no fue más que sentarse y levantar la voz: “¿Quiénes son incorregibles?”.
El Polaco también tenía ganas de pelear. “¿Y a vos qué te importa? Estoy hablando con el señor”. Dejar que un mono tití te afeite con una navaja hubiera sido menos peligroso que esa respuesta. “Escuchame radicheta amargo, si tenés algo que decir del peronismo por lo menos sé un poco más original y no me quieras eludir ni me tratés como si fuera un chico” rugió el Tano poniéndose más colorado que un pimiento colorado (claro).
“Mirá, “peroncio” abollado, ya que lo querés, te lo re-pi-to: son in-co-rre-gi-bles, im-pre-sen-ta-bles, i-nin-pu-ta-bles” respondió el Polaco poniendo el acento en cada sílaba. Y continuó: “son un desastre y lo han demostrado en este tonto torneo de quien se mete en las listas de candidatos y quien no. Un papelón, y como siempre, los puso papá Kirchner a dedo. Verticalismo puro como en la época del General, pero sin General, entendés?”
El Tano lo midió con la vista y por un momento pensé que lo “embocaba”. Pero no. Hizo una mueca rara, una sonrisa nerviosa al tiempo que apretaba los dientes. Ahí me dí cuenta, le había cantado retruco con el ancho y el Polaco entró como un nene. Suspiró, levantó la mano y le hizo el gesto habitual al Gallego pidiendo un café, se acomodó en la silla como regordeándose y levantando el dedo índice levemente, dio un vistazo alrededor de la mesa mirando a todos y dijo con mucha tranquilidad:
“Mis queridos compañeros, aquí el amigo radical hizo uso de uno de los tantos prejuicios que nos persiguen y con los que nos quieren torturar los “eternos” opositores”.
Aquí el Polaco quiso intervenir pero el Tano no lo dejó. “Esperá que termine y después hablá todo lo que quieras. Yo afirmo, que vos sos del siglo pasado. Y lo digo no porque en realidad lo seas, sino que me parece que a pesar que los tiempos van cambiando vos no cambiás tu discursito de café. Digo que te mueven prejuicios que hacen que veas todos nuestros defectos, muy pocas de nuestras virtudes y que te niegues el ver todos nuestros aciertos”.
El Gallego llegó con el café y aunque el Polaco tenía ganas de hablar, quedó un tanto intrigado de hacia dónde se dirigía el discurso del Tano, así que se calló y siguió escuchando. “Se supone, algunos lo suponen, que los únicos autoritarios y verticalistas somos los peronistas. Craso error, mis queridísimos contertulios (cuando el Tano se hace el fino se pone insoportable). A ver, un concurso, al que me conteste esta simple pregunta le pago un viaje a Irak en tiempo de tregua, a ver, mis democráticos amigos, alguien me puede decir qué candidatos, de cualquier índole y a cualquier cargo, de cualquiera de los partidos políticos principales que competirán en las próximas elecciones, han sido elegidos democráticamente en elecciones internas?...”
Casi sin respirar siguió: “A Lavagna lo eligieron los afiliados radicales? A Margarita? A Carrió? ¿Se llenaron las urnas con los votos de los afiliados de Sobisch, de López Murphy, de Rodríguez Saa? ¿Díganme dónde, un solo lugar en el que los afiliados pudieron expresar sus preferencias internas por los candidatos? Y vos –dirigiéndose al Polaco- vos, “alfonsinista pasado de moda” me venís a hablar a mí de democracia o de “dedocracia”, y en ustedes es peor porque se creen superiores y “custodios” de la democracia. Así que, por si no me entendiste, me parece que los in-co-rre-gi-bles, los im-pre-sen-ta-bles y los i-nim-pu-ta-bles son ustedes!!!.... Pssss”.
El Polaco estaba por responder pero llegó justo el Loco Vieytes y dijo: “Vieron, va a llover hasta el martes…”

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